Actualmente
en esta época de crisis… ¿Es posible no esforzarse para conseguir resultados?
En época de bonanza
económica los resultados llegan, mientras que en período de crisis los
resultados hay que buscarlos, y eso
exige tiempo, dedicación, esfuerzo,
y por supuesto hacer las cosas mejor que nuestra competencia.
Hace ya
algunos días estaba viendo una competencia de ciclismo por Tv y se podía
observar una ruta especialmente dura en bicicleta, de repente se me ocurrió
pensar en el gran esfuerzo que estaba haciendo cada ciclista para poder llegar hasta el final.
La vida
supone un continuo esfuerzo, nos
esforzamos para caer bien, para ser promocionados en nuestro trabajo,
para ser felices, para conseguir las
cosas que queremos... y para ello, tenemos que hacer cosas constantemente, muchas de las cuales no nos apetece hacerlas.
Precisamente eso es lo que para mí es el
esfuerzo, hacer las cosas que no nos
gustan; probablemente son éstas las que nos harán mejores personas y mejores profesionales, puesto que nos obligan a
salirnos de nuestra zona de confort.
Por
supuesto que el mantenernos en esta área es también una posible elección
nuestra, aunque considero que esto no nos permitirá evolucionar ni crecer de la misma forma.
Y pienso
también cómo ha evolucionado el esfuerzo a lo largo del tiempo; hace mucho
tiempo, el ser humano tenía que realizar un enorme esfuerzo físico para satisfacer sus necesidades básicas
(comer), trabajando de sol a sol, es decir, su principal herramienta de trabajo
era su propio cuerpo; ahora las cosas son bien distintas; en nuestras sociedades desarrolladas, esas
necesidades básicas las tenemos satisfechas sin realizar ese duro esfuerzo
físico. Ahora el tipo de esfuerzo a desarrollar es bien distinto; es un
esfuerzo más bien 'mental'.
Y ese
esfuerzo debe convertirse en 'acción';
es el principal mecanismo que, aunque no garantiza resultados, sí aumenta de
forma importante las posibilidades de alcanzarlos.
Y como siempre
digo: No creo en el esfuerzo 'alocado',
sin ningún propósito u objetivo en
mente; no es una cuestión de cantidad,
sino de calidad. En cambio, sí creo en el 'esfuerzo inteligente', es decir, aquel que partiendo de un
análisis previo (¿cuáles son nuestros
objetivos?, ¿qué quiero conseguir a
corto, mediano y largo plazo?,), permite generar acciones específicas y
controladas; es decir, acciones que nos permiten actuar donde, cómo y cuándo
nosotros queremos, maximizando las posibilidades de conseguir nuestros
objetivos.
¿Dónde
está la cultura del esfuerzo?
Hace mucho tiempo que
escuchamos la frase de que ahora los niños no conocen el valor del esfuerzo. Lo cierto es que esta cultura que nos toca
vivir, en la que la velocidad nos engulle, el consumismo, es todo para ya, no
ayuda en absoluto a esa cultura del esfuerzo, ya que parece que no les demos
oportunidad a los niños para esforzarse y afrontar las dificultades.
Nos venden todo muy fácil
“aprenda inglés en un mes” y parece
que aquellas personas que se esfuerzan son unos perdedores.
Debemos tener claro que sin esfuerzo no puede haber aprendizaje,
pero el esfuerzo no es gratuito, sino que es el resultado en el que interviene
la motivación del niño, se esforzará si piensa que aquello por lo que se
esfuerza merece la pena y ahí padres y
educadores tenemos una misión importante.
De forma equivocada los
padres pensamos que lo mejor que podemos hacer por nuestros hijos es tratar de
evitarles cualquier dificultad, como aquellas que nosotros pasamos en nuestros
días. Esto supone hacerles la vida lo más cómoda posible y llegar a la
sobreprotección.
Una idea importante que
debemos tener en cuenta es que nadie
nace con la capacidad de esfuerzo, es un hábito que debemos desarrollar.
¿Cómo?, pues al igual que en
Infantil repetimos una conducta que queremos que se convierte en un hábito. Así
un hábito adquirido requiere menor esfuerzo.
Si no conseguimos
inculcar la capacidad de esfuerzo en nuestros hijos, después se convertirán en
unos adultos con dificultades a nivel laboral,
social, familiar…
El ejemplo que damos los
padres es fundamental (siempre he mantenido que la mejor forma de enseñar en predicando con el ejemplo), ya que
somos modelo de nuestros hijos. Si nos ven con capacidad de esfuerzo, de
sacrificio, que no dejamos nuestras obligaciones para mañana, aunque no nos
gusten, que no ponemos quejas…
Creencias
sobre el esfuerzo
Una creencia es algo muy
particular dentro de una sociedad y dentro de una misma familia. Hay familias
inteligentes que tienen claro aquello que es negociable y lo que no lo es, así
como el nivel de esfuerzo que se puede soportar y el que no. Es muy importante
que no les demos a nuestros hijos mensajes contradictorios entre lo que decimos
y lo que hacemos. Hay estudios que dicen que a partir de los quince meses
debemos ayudar a los niños a soportar niveles cada vez mayores de tensión.
Los niños tienen que
aprender a resolver los problemas que son capaces de resolver, sabiendo que
cuentan con nuestro apoyo emocional, pero que son ellos los protagonistas.
(¿Cuántas veces hacemos cosas que sabemos perfectamente que ellos pueden
hacer?, a mi se me ocurren varias).
Estrategias
necesarias para favorecer el esfuerzo en los niños
Ofrecer un modelo
adecuado para que el niño lo pueda imitar, ser pacientes y constantes, no convertirse en el esclavo del niño; debe cumplir con sus obligaciones, averiguar los motivos que llevan al niño a
esforzarse, estimular la independencia y autosuficiencia de forma progresiva, ser firmes, proponer tareas adaptadas a
sus posibilidades, no admitir que dejen
tareas por terminar, permitir que el niño participe
en las metas, que deben ser concretas, a corto plazo y fáciles de controlar
por los padres, estimular el respeto por todos los bienes, que sean conscientes
del esfuerzo que ha costado conseguirlos,
ayudarle a que se proponga pequeños
retos, habituarle a adquirir compromisos y a cumplir con ellos
(¿hablamos de me apunto a… y al mes siguiente abandono?), animarle a que tome
decisiones y sea consecuente con ellas,
estimular el autocontrol, que
aumente su capacidad de espera, que
tolere las pequeñas frustraciones, alabar
sus logros cuando haya demostrado esfuerzo.
Ya para finalizar quiero dejar claro que:
Nadie nace con la
capacidad de esfuerzo, es un hábito que debemos desarrollar.
No estamos ayudando a
nuestros hijos cuando hacemos lo que ellos pueden hacer.
Educar en el esfuerzo
requiere esfuerzo y dedicación. Nuestro objetivo será que nuestro hijo valore
el esfuerzo, no se queje cuando las cosas no le salgan según lo previsto, asuma
sus propios errores y a pesar de las dificultades sea capaz de seguir adelante.
Hasta la próxima …. Romanjoseg1@gmail.com @consultfinper1
José G. Román
Creador – Fundador de El
Consultorio de las Finanzas Personales

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