Hace
ya algunos años que los medios de comunicación nos bombardean a diario con el
tema de la crisis económica (aunque esto no hace falta, porque vivimos día a
día con ella y hemos aceptado que ha llegado y no tiene intención de marcharse,
al menos de momento). Como resultado, muchas personas han dejado de “vivir” y se limitan simplemente a “sobrevivir”, y esto no solamente en el
plano económico, sino en todas los ámbitos de nuestra vida; hemos abandonado la
ilusión, la esperanza, la lucha por nuestros objetivos…, la búsqueda de un
futuro mejor.
Y como
en la viña del Señor hay de todo, nos encontramos desde aquellos que se sumen
en la depresión más profunda, hasta los que parecen haber dejado su vida
en stand by, confiando
pasivamente en que la crisis pase y todo vuelva a ser como antes. De una forma
u otra, todos han dejado de VIVIR para conformarse con SOBREVIVIR… Lo
curioso es que este cambio de actitud no sólo está determinado por el curso de
la vida sino que, de cierta forma, también está sustentado por los medios de
comunicación y los mensajes que nos lanzan: parece “normal” que en tiempos de crisis nos sintamos desolados, tristes y
que nos dediquemos a sobrevivir lo mejor
que podamos…
En
cierto modo, es comprensible que una pérdida o disminución del estilo de vida
al cual estábamos acostumbrados provoquen una reacción inicial de tristeza. Sin embargo, deberíamos hacer
una distinción entre economía y salud,
entre dinero y felicidad, entre bienestar económico y bienestar psicológico.
Hay millones de personas que viven por debajo del nivel de pobreza establecido
por los países occidentales, y no por eso han perdido la ilusión de vivir. De
hecho, los estudios realizados en los últimos años demuestran que los niveles
de felicidad en estos países son mayores que en las grandes naciones
industrializadas.
Lo que
intento decir, es que es difícil reducir drásticamente el tren de vida al cual
estábamos acostumbrados; pero asumir una actitud derrotista y dejarse caer en
las garras del desánimo o de la
depresión no resuelve nada, al contrario, nos resta capacidad de acción,
bienestar y calidad de vida.
Además,
es bueno recordar que la crisis tiene dos caras: una negativa y otra positiva.
En estos mismos momentos, están cerrando muchos negocios y empresas pero
también están abriendo otros con nuevas ideas que se adaptan mejor a las
condiciones actuales.
La creatividad nace de la angustia, como el día
nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos
y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo…
Por
eso, me parece este un buen momento para recordar esta famosa fábula, que ilustra muy bien de lo que estoy hablando:
“Un
viejo maestro decidió que aquella tarde visitaría junto a su discípulo uno de
los parajes más pobre de la provincia. Después de caminar un largo rato
encontraron una casucha a medio derrumbarse. Sin embargo, lo más sorprendente
de todo era que en aquella casucha de apenas seis metros cuadrados vivían ocho
personas: el padre, la madre, cuatro hijos y dos abuelos.
Sus
miradas tristes y sus cabezas bajas no dejaban duda de que la pobreza y la
inopia no sólo se habían apoderado de sus cuerpos, sino que también había
encontrado albergue en su interior. Curiosamente, en medio de este estado de
penuria y pobreza total la familia contaba con una sola posesión extraordinaria
bajo tales circunstancias: una vaca que proveía de leche a toda la familia.
Esta vaca era la única posesión material con la que contaban y lo único que los
separaba de la miseria total.
Al día
siguiente, muy temprano, asegurándose de no despertar a nadie, los dos viajeros
se dispusieron a continuar su camino. Salieron de la morada pero, antes de
emprender la marcha, el anciano maestro, ante la incrédula mirada del joven, y
sin que éste pudiera hacer algo para evitarlo, sacó una daga que llevaba en su
bolsa y de un solo tajo degolló a la pobre vaca que se encontraba atada a la
puerta de la vivienda.
¿Qué
has hecho maestro? ¿Cómo has podido matar esta pobre vaca que era su única
posesión?
Sin
inmutarse ante la preocupación de su joven discípulo y sin hacer caso de sus
interrogantes, el anciano se dispuso a continuar su marcha. Así pues, dejando
atrás aquella macabra escena, maestro y discípulo partieron.
La
historia cuenta que, un año más tarde, los dos hombres decidieron pasar
nuevamente por aquel paraje para ver qué había ocurrido con la familia.
Buscaron en vano la humilde vivienda. El lugar parecía ser el mismo, pero donde
un año atrás se encontraba la ruinosa casucha ahora se levantaba una casa
grande que, aparentemente, había sido construida recientemente.
Se
detuvieron por un momento para observar en la distancia, asegurándose de que se
encontraban en el mismo sitio. Lo primero que pasó por la mente del joven fue
el presentimiento de que la muerte de la vaca había sido un golpe demasiado
duro para aquella pobre familia. Muy probablemente, se habían visto obligados a
abandonar aquel lugar y una nueva familia, con mayores posesiones, se había
adueñado de éste y había construido una mejor vivienda.
Cuál
no sería su sorpresa cuando, del interior de la casa, vio salir al mismo hombre
que un año atrás les había dado posada. Sin embargo, su aspecto era totalmente
distinto. ¿Qué había acontecido durante ese año?
El
hombre les confesó a lo dos viajeros que su primera reacción ante la muerte de
la vaca fue de desesperación y angustia. Sin embargo, después se dieron cuenta
de que necesitaban comer, consiguieron algunas semillas y comenzaron a sembrar.
Así comenzaron a vender los alimentos que les sobraban y, de este modo, les
llegó la abundancia.”
La
lección más importante que podemos extraer de todo esto, es que no debemos
conformarnos si estamos descontentos con nuestra situación; en nuestras manos
está el poder hacer cosas para cambiarla. Y por encima de todo, nunca liguemos
irremediablemente nuestra felicidad y nuestro bienestar psíquico y espiritual a
la abundancia económica. La vida tiene altos y bajos, y eso significa sólo una
cosa: ¡¡que estamos vivos!! Hasta la próxima…. romanjoseg1@gmail.com
José
G. Román
Creador
– Fundador de El Consultorio de las Finanzas Personales

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