La ética impregna toda la vida social, está
relacionada con nuestros derechos y deberes como ciudadanos y ciudadanas,
con nuestra democracia y con la confianza en uno mismo y en los demás. En otras
palabras, la ética no
es ajena a ninguna actividad humana, de forma que podemos hablar de una “ética médica”, una “ética profesional” y una “ética política”, entre otras. Esto es
así porque la ética exige la coherencia personal y gracias
a ella se puede impedir la instrumentalización de otras personas y conseguir
que se respeten los derechos humanos.
Uno de los postulados de
la ética, es el de la
libertad ya que no hay ética sin
libertad. Obrar moralmente significa comportarse de forma intencional,
tomar decisiones personales ante diferentes posibilidades, justificar esas
decisiones y aceptar la responsabilidad de las posibles consecuencias.
Más allá de la libertad, en la sociedad actual existen muchos otros retos. Hoy en día, vivimos rodeados de problemas
que antes ni siquiera existían. Sin lugar a dudas, es preciso actuar para
intentar dar solución a estas nuevas situaciones conflictivas. Para ello, es
importante disponer de unos criterios
éticos adecuados, de manera que nuestras posibles decisiones puedan tomarse
en un ambiente de libertad y responsabilidad.
En la actualidad
Venezuela vive una crisis moral y ética, si algún concepto caracteriza y
tipifica en forma clara el momento y el problema, es lo que pudiéramos
denominar la crisis de valores. Venezuela vive una profunda crisis espiritual, causa y raíz de los
otros males que a diario se mencionan y que no son sino secuelas y síntomas de
la verdadera enfermedad: La ausencia de éticas. Es, en síntesis, esta crisis de la ética, de la moral y de los
valores la que genera inevitablemente "productos sociales" como:
La droga, la corrupción, la proliferación del culto al dinero, el desborde de
la violencia, el facilismo, el hedonismo y la irresponsabilidad que como nuevas
plagas, corroen el tejido social impidiendo el sano desarrollo que el cuerpo
colectivo del país tiene derecho a realizar.
Poca gente habla hoy de moral, y cuando se hace, se alude a ella en sentido peyorativo, como queriendo decir que de la moral lo normal es hablar de modo despectivo. "Siempre es bueno pararse y reflexionar, tomar posición y decir lo que se piensa, aunque sea sobre lo más mínimo. Está bien hacer un alto y mirar dónde estamos, qué hemos dejado atrás y qué horizontes atraen ahora nuestros pasos. Pero también asusta, pues la tentación es grande y dejar que el tiempo siga pasando asusta, porque te puedes encontrar con unas manos excesivamente entretenidas en embustes. Pero vamos a intentarlo.
¿Y en la vida real? ¿Está de moda? No parece. Más bien está de moda trabajar lo menos posible, robar si no nos ven en los grandes almacenes, comercializar productos adulterados, aprovecharse de los cargos para enriquecerse, manipular a la opinión pública, despilfarrar los fondos públicos, engañar a los electores en elecciones, estudiar lo menos posible, engañar a los profesores, cultivar una imagen de uno mismo diferente de la realidad, disimular las habilidades para no tener que trabajar, no tomar nunca decisiones.
Pero la ética y la moral, siguen cuestionando la vida de los hombres. Y eso es bueno. Hay personas y grupos que llegan a decir que los hombres seríamos más felices si no hubiera normas morales, creer que todo da lo mismo, que no hay normas ni valores, que hay que funcionar exclusivamente desde nuestros deseos.
"El hombre salvaje entregado por la naturaleza al solo instinto, vivirá con las funciones puramente animales. Sus deseos no pasan de sus necesidades físicas, los únicos bienes que conoce dentro del universo son: la comida, la hembra y el descanso. Los únicos males que teme son el hambre y la muerte. En un hipotético estado natural, cuando los hombres vivían así, sin tener ninguna relación moral ni obligaciones conocidas, no podían ser ni buenos ni malos. Dicho de un modo un tanto caricaturesco, el hipotético hombre no moral no tiene más tareas que comer, dormir y aparearse".
En otros momentos, la ética nos recuerda nuestros mejores ideales, nuestros proyectos más humanos. A veces exige, en ocasiones nos hace reflexionar. La ética, la moral, nos recuerdan que las cosas no son indiferentes, que las decisiones no son irrelevantes, que las razones por las que hacemos algo o lo dejamos de hacer hay que tenerlas pensadas. Nos ayuda a comprender algo tan antiguo como la humanidad, se puede vivir consciente o inconscientemente, abierto o despreocupados, ajenos al mundo o de cara a la vida. Y una de esas maneras es la más humana, porque humaniza más.
¿Y si no hubiera ética? ¿Qué haríamos si todo estuviera permitido? ¿No nos pasaría que si todo diera igual, la vida se nos desintegraría y sólo tendríamos proyectos circunstanciales? Si todo da igual, o no pensamos nada o mejor nos perdemos en el anonimato de la masa.
Estamos redescubriendo la necesidad de la moral. El hombre debe ser más consciente de que no vive solo y de que no da igual lo que haga. Pero le falta un peldaño por subir, ha descubierto ya que hay cosas buenas y malas, conductas que no deben consentirse y estilos que son buenos para todos. Pero necesita un proyecto de humanidad. Descubrir que todos somos responsables de todos, incluso de las generaciones que aún están por nacer, y que tienen derecho a un mundo limpio y humano. Las mayores inmoralidades de nuestra sociedad responden a una estrategia de deseos, en la que se es insolidario con alguna parte de la humanidad. Y mientras no seamos conscientes de esto, mientras no nos convenzamos de que la humanidad es digna de ser respetada, estaremos retrasando la libertad. Somos inmorales cuando somos inhumanos, y somos inhumanos cuando tratamos de realizar una parte de la humanidad a costa de otra. La humanidad abarca todo lo humano y a todos los humanos. Cada vez que matamos algo humano, nos jugamos nuestra condición de hombres. Somos humanos. No podemos dejar en la cuneta a nadie. Mientras haya un solo ser humano que no pueda vivir humanamente, todos de alguna manera tenemos algo que ver con él y no podemos desentendernos de él, sin degradar nuestra humanidad. Hasta la próxima…..
Poca gente habla hoy de moral, y cuando se hace, se alude a ella en sentido peyorativo, como queriendo decir que de la moral lo normal es hablar de modo despectivo. "Siempre es bueno pararse y reflexionar, tomar posición y decir lo que se piensa, aunque sea sobre lo más mínimo. Está bien hacer un alto y mirar dónde estamos, qué hemos dejado atrás y qué horizontes atraen ahora nuestros pasos. Pero también asusta, pues la tentación es grande y dejar que el tiempo siga pasando asusta, porque te puedes encontrar con unas manos excesivamente entretenidas en embustes. Pero vamos a intentarlo.
¿Y en la vida real? ¿Está de moda? No parece. Más bien está de moda trabajar lo menos posible, robar si no nos ven en los grandes almacenes, comercializar productos adulterados, aprovecharse de los cargos para enriquecerse, manipular a la opinión pública, despilfarrar los fondos públicos, engañar a los electores en elecciones, estudiar lo menos posible, engañar a los profesores, cultivar una imagen de uno mismo diferente de la realidad, disimular las habilidades para no tener que trabajar, no tomar nunca decisiones.
Pero la ética y la moral, siguen cuestionando la vida de los hombres. Y eso es bueno. Hay personas y grupos que llegan a decir que los hombres seríamos más felices si no hubiera normas morales, creer que todo da lo mismo, que no hay normas ni valores, que hay que funcionar exclusivamente desde nuestros deseos.
"El hombre salvaje entregado por la naturaleza al solo instinto, vivirá con las funciones puramente animales. Sus deseos no pasan de sus necesidades físicas, los únicos bienes que conoce dentro del universo son: la comida, la hembra y el descanso. Los únicos males que teme son el hambre y la muerte. En un hipotético estado natural, cuando los hombres vivían así, sin tener ninguna relación moral ni obligaciones conocidas, no podían ser ni buenos ni malos. Dicho de un modo un tanto caricaturesco, el hipotético hombre no moral no tiene más tareas que comer, dormir y aparearse".
En otros momentos, la ética nos recuerda nuestros mejores ideales, nuestros proyectos más humanos. A veces exige, en ocasiones nos hace reflexionar. La ética, la moral, nos recuerdan que las cosas no son indiferentes, que las decisiones no son irrelevantes, que las razones por las que hacemos algo o lo dejamos de hacer hay que tenerlas pensadas. Nos ayuda a comprender algo tan antiguo como la humanidad, se puede vivir consciente o inconscientemente, abierto o despreocupados, ajenos al mundo o de cara a la vida. Y una de esas maneras es la más humana, porque humaniza más.
¿Y si no hubiera ética? ¿Qué haríamos si todo estuviera permitido? ¿No nos pasaría que si todo diera igual, la vida se nos desintegraría y sólo tendríamos proyectos circunstanciales? Si todo da igual, o no pensamos nada o mejor nos perdemos en el anonimato de la masa.
Estamos redescubriendo la necesidad de la moral. El hombre debe ser más consciente de que no vive solo y de que no da igual lo que haga. Pero le falta un peldaño por subir, ha descubierto ya que hay cosas buenas y malas, conductas que no deben consentirse y estilos que son buenos para todos. Pero necesita un proyecto de humanidad. Descubrir que todos somos responsables de todos, incluso de las generaciones que aún están por nacer, y que tienen derecho a un mundo limpio y humano. Las mayores inmoralidades de nuestra sociedad responden a una estrategia de deseos, en la que se es insolidario con alguna parte de la humanidad. Y mientras no seamos conscientes de esto, mientras no nos convenzamos de que la humanidad es digna de ser respetada, estaremos retrasando la libertad. Somos inmorales cuando somos inhumanos, y somos inhumanos cuando tratamos de realizar una parte de la humanidad a costa de otra. La humanidad abarca todo lo humano y a todos los humanos. Cada vez que matamos algo humano, nos jugamos nuestra condición de hombres. Somos humanos. No podemos dejar en la cuneta a nadie. Mientras haya un solo ser humano que no pueda vivir humanamente, todos de alguna manera tenemos algo que ver con él y no podemos desentendernos de él, sin degradar nuestra humanidad. Hasta la próxima…..
José G.
Román
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