Debo
comenzar por decir que todos de un modo u otro prestamos o brindamos un
servicio, y cuando éste se hace en forma profesional, con entrega y corazón –
en cualquier instancia – es digno y bien remunerado.
Pero
¿Qué sucede en la Venezuela del siglo XXI? . Que el problema del servicio a
nivel turístico y en todas sus instancias es
realmente malo. Por ejemplo, si nos acercamos a una oficina pública para hacer un reclamo o sencillamente pagar un
servicio, nos miran de mala gana y hasta nos hacen sentir “que nos están haciendo
un gran favor”; la gravedad ha llegado a tal exageración que muchos no sienten
orgullo de prestar un buen servicio o de sentirse satisfecho porque su producto
es el mejor o su servicio es envidiable por la competencia.
Sin ir más lejos,
si usted visita Aruba y Curazao o alguna ciudad de nuestra vecina Colombia,
notará un cambio drástico en esas poblaciones ya que en esas ciudades se hace culto al buen servicio a cualquier
nivel.
Y
ahora nos preguntamos (en dónde radica
el problema). Porque si por casualidad pedimos a un joven en Caracas una
dirección, este nos manda a una dirección contraria solo para burlarse “o
mamarnos gallo”, o si solicitamos a una secretaria en una oficina pública una
información esta es incapaz de mirarnos a la cara y dejar de limarse las uñas
para ofrecer con gentileza lo que pedimos o un mecánico no se responsabiliza
por el trabajo realizado y si uno le reclama se pone agresivo y nos llama “alzaos”. Esto al extranjero le
parecerá exagerado pero la realidad muchas veces es más cruel. Entonces nos preguntamos de
nuevo ¿en dónde radica el problema? ¿Somos menos que los demás? ¡No señores!.
El problema tiene un nombre y no podemos esquivarlo y se llama: Educación.
A
través de los años nuestros líderes en materia educativa dejaron de darle
importancia a una cátedra que se llamó “Formación
social, moral y cívica” en tres palabras “ser buen ciudadano”.
Hoy
hasta con pedantería te dicen eso es para “tontos” y agregan: “nos merecemos
todos porque estamos con el PROCESO
y si no les gusta prepare sus maletas y se va pa Miami”.
Definitivamente
sin tocar el ámbito político o ideológico debemos reflexionar. Estamos
persuadidos que la mayoría de los Venezolanos son gente decente y si nos
remitimos a épocas pasadas teníamos fama en el exterior de educados y buenos
ciudadanos. No podemos permitir que se relajen las costumbres y perdamos el
respeto de nuestros conciudadanos, hasta por simple convivencia nos resulta más
rentable ser educados y prestar un buen servicio.
Un
proverbio popular nos enseñaba que “lo
cortés no quita lo valiente”. El vocabulario soez y delincuencial que
utilizan algunos dirigentes de nuestra nación no es el ejemplo más edificante
para las nuevas generaciones.
Quién dijo que la buena educación es privilegio
de la burguesía, recuerdo una frase de mi difunta abuela que siempre repetía
con orgullo “Pobre pero decente”. El
buen servicio y la forma respetuosa de relacionarse los ciudadanos, van de la
mano.
Queremos pensar que la mayoría de los Venezolanos, estén “con el proceso o no”, piensan de la
misma manera. El lenguaje irrespetuoso en nada ayuda al “nuevo Venezolano” que
desea abrirse al mundo para ofrecer la mayor riqueza de Venezuela, que no es
precisamente el petróleo sino los propios venezolanos. Hasta la próxima…..
José G. Román
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