La administración del tiempo es uno de los recursos más apreciados. Sin embargo, se trata de un
bien que no se puede ahorrar, sino que pasa, no retrocede y es imposible de
recuperar. Si se malgasta, se derrocha
algo muy valioso.
Uno de los principales
factores que contribuyen al estrés en nuestra sociedad
actual es la falta de tiempo, ya sea real o sentida. Esta sensación constante interfiere mucho en nuestra calidad de
vida, produciendo un notable malestar.
Pero en realidad, en
muchos de los casos, aunque no en todos, la falta de tiempo se produce por una mala planificación del mismo. Esto
puede corregirse a través de estrategias específicas para la mejor
administración del tiempo.
Técnicas de administración del tiempo
Las
técnicas de administración del tiempo son procedimientos que nos enseñan a organizar el mismo,
tomando decisiones previas sobre a qué tareas o actividades debemos dedicar el
tiempo que tenemos, decisiones que debemos basar en la importancia de la tarea
en función de nuestros objetivos, dejando siempre espacio para los imprevistos, y
para el descanso.
La
mejor de las técnicas es la
planificación. Y debemos tener bien claros los pasos que tenemos que llevar
a cabo para distribuir adecuadamente el tiempo del que disponemos, y que son
los siguientes:
Establecer
los objetivos, de mayor orden, que son los que
se quieren alcanzar con las tareas y actividades que realmente llevaremos a
cabo.
Ordenamos
los objetivos atendiendo a criterios de
importancia, de que sean asequibles y potencialmente posibles, de la urgencia o
rapidez con que debemos conseguirlos, de la dificultad de conseguirlos y del
tiempo que nos llevarán.
Una
vez fijados esos objetivos, hay que establecer las actividades
que permiten alcanzarlos, marcando en cada uno las acciones concretas para
desarrollar dichas actividades y el tiempo que llevará cada una.
Ordenamos dichas actividades en
función de su importancia para conseguir el objetivo.
Establecer el horario diario que
le vamos a dedicar, distribuyéndolo en las distintas actividades priorizadas.
Consejos
para mejorar nuestro tiempo y afrontar mejor el estrés
Veamos unos consejos que nos
permiten todavía más, distribuir mejor nuestro tiempo, y con ello aligerarnos
de esa sensación constante de falta de tiempo, que influye en la aparición o agravamiento
del estrés:
La asertividad: Hay que aprender a decir que no a aquellas tareas o actividades que no sean
prioritarias.
Debemos
aprender a ignorar los objetivos y tareas que no son
prioritarios hasta que hayamos conseguido los prioritarios.
Incluir siempre en la
planificación, algún tiempo para imprevistos e interrupciones.
Delegar
las tareas que se pueda en otras personas, especialmente aquellas que no son
prioritarias.
Hay que dejar el perfeccionismo a
un lado, ya que no se puede alcanzar en todo. Hay que hacer las cosas bien,
pero tampoco hace falta hacer el mejor trabajo del mundo, sobre todo cuando el
tiempo no sobra.
No
debemos demorarnos en la toma de decisiones, no hay que
dudar entre las distintas alternativas que tengamos, hay que decidir la mejor
lo antes posible y ponerse en marcha.
No
hay que dejar que las tareas se acumulen, es mejor
ir haciendo de una en una, que dejarlas para luego, perder el tiempo y luego
tener que resolver doce de una vez.
Algunas de las características del tiempo son:
Puede ser un enemigo a vencer o un aliado si lo
logramos organizar.
Puede ser un recurso escaso, si no se controla
en función de
las prioridades que se le asignen a las actividades diarias aun emprendedor.
No se puede comprar.
No se puede atrapar, detener o regresar.
Es lo más valioso que tiene los individuos, por lo
que hay que utilizarlo con el máximo grado de efectividad.
Se dice que nadie tiene
suficiente tiempo,
sin embargo todo el mundo tiene todo el tiempo que hay. Esta es la gran
paradoja del tiempo.
Cómo solucionar los
problemas de la gestión del tiempo.
Las cosas importantes, rara vez requieren una
acción inmediata o son urgentes. Y son las cosas urgentes las que reclaman
nuestra atención, nos presionan. Lo cierto es que muchas de las cosas urgentes
lo son sólo aparentemente. Las dos siguientes frases ayudarán a distinguir lo
urgente de lo importante.
Delegar en otras personas siempre que se haga de
manera adecuadas dejará mucho tiempo para atender con mayor atención asuntos de
dirección.
Comunicar correctamente hace que la gestión del
tiempo tanto personal como de otras personas sea mucho más efectiva.
No buscar el perfeccionismo. A veces el nivel de
calidad no va en proporción con el resultado final, por lo que hay que intuir
qué merece dedicar más esfuerzos y qué no. El 20% del trabajo proporciona el
80% de los resultados. Para solucionarlo:
Identificar lo que más nos predispone a una actitud
excesivamente perfeccionista.
Abordando directamente el núcleo del asunto y
finalizar antes lo más importante. Los remates vendrán después. Colocar por
delante los objetivos para adaptar nuestra dedicación a su consecución.
Delegar a otros la tarea pendiente, aún sabiendo
que no lo van a hacer con el mismo detalle que nosotros, pero sí de manera
satisfactoria y respondiendo a los objetivos propuestos. Establecer valores de
minuciosidad diferentes en diversas facetas de nuestro trabajo, tratar de hacer
informes o documentos estandarizados.
Aprendiendo de los errores, relativizando su
importancia de cara a la carrera profesional.
Gestión de la memoria y olvidos:
¿Dónde estará...?. No localizar la documentación
hace perder mucho tiempo, el orden es fundamental. ¿Cuándo y dónde...?. No
recordar la agenda provoca situaciones difíciles. Anotar inmediatamente los
datos en la agenda.
¿Qué...?. Anotar todo lo que hay que hacer, sino se
olvidará. Cuando nos enfrentamos a la gestión de nuestro tiempo de trabajo,
debemos realizar tres acciones diferentes:
Organización y priorización de tareas. Según criterios
de importancia, tanto para la empresa, para el departamento, como para el
propio profesional. Planificación. Ubicar en el tiempo de trabajo las
diferentes tareas y actividades, según criterios de plazo de ejecución y tiempo
de realización.
Ejecución. Realizar y completar las tareas y
actividades que tiene asignadas en el tiempo establecido. Pero, ¿cuándo
planificar, organizar y ejecutar?, ¿en qué situaciones? Y... ¿cómo hacerlo?
Criterios
para gestionar el tiempo.
Las cosas importantes, rara vez requieren una
acción inmediata o son urgentes. Y son las cosas urgentes las que reclaman
nuestra atención, nos presionan. Lo cierto es que muchas de las cosas urgentes
lo son sólo aparentemente. Las dos siguiente frases ayudarán a distinguir lo
urgente de lo importante:
Urgencia:
Plazo para desarrollar una actividad.
Importancia:
Grado de repercusión del hecho de no realizar una tarea.
Para decidir si hacer lo urgente o lo importante
hay que analizar los objetivos que queremos conseguir, es decir, ¿qué queremos conseguir?.
El hecho de clasificar nuestras actividades según el grado de urgencia y de
importancia nos puede ser de utilidad para cuestionarnos nuestros
propios hábitos.
José G. Román
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