En
griego antiguo la palabra Hubris o hybris se refería a las acciones crueles, vergonzosas, humillantes
y excesivo orgullo o
arrogancia que un
abusador cometía sobre su víctima por mero placer.
El
"síndrome de Hubris" es un trastorno que se caracteriza por generar un ego
desmedido, un enfoque personal exagerado, aparición de excentricidades y
deprecio hacia las opiniones de los demás. Se suele asociar a cargos de poder,
tal y como pueden ser líderes, directores, altos gerentes, políticos,
gobernantes, entre otros.
El síndrome lo padecen casi todos los
que llegan a situaciones elevadas. Más rápido aún se sienten los síntomas
cuando el ascenso a la cima ocurrió en poco tiempo. Quién no ha escuchado
frases tales como “a éste se le subieron
los humos”, “se emborrachó con el
poder”, “subió muy rápido y se cree
una maravilla”, “antes era sencillo
ahora es petulante”, etc.
A estas típicas maneras de
comportarse del nuevo poderoso se le agrega algo de paranoia: los contagiados con el síndrome de hubris creen ver enemigos por doquier, piensan que los van a matar o dañar y
que hay una conspiración permanente contra ellos. Al mismo tiempo que el mandar los termina intoxicando,
la escalada de temores y susceptibilidades afecta hasta el propio juicio del
poderoso, quien termina creyéndose
perseguido, imagina conspiraciones por doquier o cree ser alguien muy
superior, al que nadie entiende por no estar a su altura. Las maneras de
manifestarse son múltiples, varían según cada individuo y su medio ambiente.
Esto ocurre en la sociedad, repúblicas,
monarquías, empresas, clubes, organizaciones, guarniciones castrenses, partidos
políticos y siga usted sumando.
Aunque
el síndrome responde más a una denominación sociológica que propiamente médica, los
psiquiatras han reconocido siempre los efectos mentales del poder. Entre
los síntomas que puede
producir el mal de Hubris destacan:
- Un enfoque personal exagerado al comentar
asuntos corrientes.
- Confianza exagerada en sí mismo, imprudencia e
impulsividad.
- Sentimiento de superioridad sobre los demás.
- Desmedida preocupación por su imagen, lujos y
excentricidades.
- El rival debe ser vencido a cualquier precio.
- La pérdida del mando o de la popularidad
termina en la desolación, la rabia y el rencor.
Lo padece una persona cuando es
prepotente, orgullosa y se cree superior a los demás en conocimientos
y astucia en actividades políticas, culturales y religiosas.
En el
terreno político cuando adquieren el poder, éste les enferma o es
que al sentirse que están en posiciones más altas que sus dirigidos
o conciudadanos, se consideran
inalcanzables, “semidioses” o se le subieron los “humos a la cabeza”.
Los que
poseen el poder no siempre toman las mejores decisiones, sus colaboradores y
sus connacionales las califican como irracionales y no se ajustan a las
soluciones que deberían aportar. Estas personas que presentan ésta
anomalía padecen el Síndrome de Hubris.
Si en
sus entornos cuentan con personas que los enaltecen o les exageran sus
supuestos logros, para buscar beneficios personales, permiten que
inconscientemente su yo “enfermo”
cree que sus tomas de decisiones sean las eficientes y acertadas y ajustadas a
la realidad, por el contrario es una distorsión de sus ejecutorias.
En
algunos casos, las personas que están en el poder toman decisiones surrealistas
para los que las analizan, también para los que los orientan en sus
planificaciones.
Podemos
enumerar ciertas características que poseen estas personas con Síndrome de
Hubris:
.-Tienden a ser narcisistas al ver al mundo como si
estuvieran actuando en un escenario donde ejecutan el poder y buscan la gloria.
.-Con sus acciones
enaltecen su imagen.
.-Se preocupan en demasía
por su imagen y presentación.
.-Se consideran que ellos
son los salvadores del mundo al
realizar sus acciones y por lo cual hay que exaltarlos.
.-Hablan de sí mismo en
tercera persona o nosotros.
.-Una excesiva confianza
del propio juicio y un desprecio por los
consejos o las críticas de los demás.
.-Se creen omnipotentes y
sus enfoques personales son exagerados.
.-Se consideran que no le
deben rendir cuentas a colegas, a la opinión pública; la Corte ante
la cual deben responder es ante Dios o la Historia y creen que esa
Corte los absolverá.
.-Agitación, imprudencia
e impulsividad.
.-Una pérdida de contacto
con la realidad, a menudo vinculada a un aislamiento paulatino.
Las personas que padecen
de este Síndrome cuando llegan al poder desprecian cualquier consejo,
orientación o sugerencia de los que le rodean por exagerada confianza de sí
mismo, alejándose progresivamente de la sociedad. Y ya para finalizar mis
queridos lectores, seguidores y amigos tengamos
cuidado con este “malévolo síndrome”. Hasta la próxima…
José G. Román
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