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Apostemos a la economía naranja |
La economía naranja (llamada también economía creativa) es el conjunto de actividades que de
manera encadenada permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios
culturales, cuyo valor está determinado por su contenido de propiedad
intelectual.
Antes
de profundizar en el tema hay que definir el concepto de economía naranja ya
que es reciente y sobre todo confuso por su amplitud y alcance, cuando hablamos
de economía naranja nos
referimos a todos aquellos sectores y actividades emergentes que están
surgiendo en las economías basadas en el sector servicios y la innovación
permanente. La economía naranja abarca sectores y procesos que tienen como eje
central la creatividad: un ejemplo es el sector cultural ya que genera en el ámbito local y distribuye en el
ámbito global bienes y servicios con valor simbólico y económico.
Así
pues, podemos decir que la economía naranja interviene visiblemente en el contexto de la
cultura, ya que genera servicios y productos que promueven y orientan el
desarrollo político y social. Por tanto su importancia e influencia se hace
cada día más patente en los aspectos económicos y financieros de la sociedad.
Sin
embargo es un buen momento para señalar que la creatividad es distinta
de la innovación: la
primera es resultado de la iniciativa individual y es sumamente subjetiva, en
tanto la segunda es el resultado del trabajo colectivo, de grupo, y es
objetiva. En el mundo real, la creatividad y la innovación van de la mano.
Una
economía naranja es una en la que las ideas son los principales aportes y los
principales resultados,
también es una economía en la que la gente dedica la mayor parte de su tiempo a
generar ideas. Es una economía en la que la gente se preocupa y reflexiona
sobre su capacidad de generar ideas, en
la que no se limita a ir a la oficina de 8 a 4 para hacer un trabajo rutinario
y repetitivo, como se lleva haciendo desde hace años, ya sea en el campo o en
las fábricas. Es una economía en la que la gente, allá donde se encuentre,
hablando con los amigos, tomando una copa, al despertarse a las cuatro de la
mañana, piensa que puede tener una idea que funcione de verdad, y no sólo una idea por el mero placer
esotérico. La economía naranja está relacionada con un modelo de producción basado en la creatividad, esto
es, con propuestas más allá de los patrones establecidos es decir el
vínculo entre economía y creatividad. Para
utilizar la creatividad hay que determinar, ante todo, el mejor momento de
explotar la naturaleza no rival de las ideas y, en segundo lugar, el momento
idóneo para hacer valer los derechos de propiedad intelectual, e introducir las
ideas en el mercado de la competencia entre productos. Las dos decisiones son
el punto central del proceso de gestión en ese ámbito.
En el mundo actual, la economía naranja se ha convertido en una
fuerza transformativa poderosa. Su potencial para el
desarrollo es inmenso y está a la espera de ser desbloqueado. Es uno de los sectores que
más rápido está creciendo en la economía mundial, no
sólo en términos de generación de ingresos, sino también en lo que respecta a
la creación de empleos y el aumento de los ingresos en exportaciones. Pero eso
no es todo. Se está invirtiendo una proporción mucho mayor de los recursos
creativos e intelectuales del mundo en industrias de base cultural cuyos resultados,
en gran medida intangibles, son tan “reales” y considerables como los
de otras industrias. La innovación y la creatividad humana, tanto a nivel individual como
grupal, son los motores fundamentales de estas industrias y se han convertido
en la auténtica riqueza de las naciones del siglo XXI. De forma indirecta, la cultura sustenta cada vez más el
modo en que toda la gente entiende el mundo, ve su lugar en él, afirma sus
derechos humanos y forma relaciones productivas con los demás. Por consiguiente,
liberar el potencial de la economía naranja implica promover la creatividad
general de las sociedades, afirmando la identidad distintiva de los lugares
donde prospera y se agrupa, mejorando la calidad de vida, la imagen y el
prestigio local, y fortaleciendo los recursos para imaginar nuevos futuros
diversos. En otras palabras, la economía naranja es la fuente, metafóricamente hablando, de una
nueva “economía de la creatividad”, cuyos beneficios van mucho más allá del
ámbito económico.
No obstante, la economía naranja
no es una superautopista, sino una multitud de distintas trayectorias locales.
Muchas de estas vías las encontramos en el plano nacional, en ciudades y
regiones de países en desarrollo. Pese a la importancia de la intervención de
políticas a escala nacional, está claro que la siguiente frontera de la
generación de conocimientos se basa en comprender las interacciones,
particularidades y políticas en el plano local y en cómo promover la economía naranja
de forma práctica en comunidades, ciudades y regiones del mundo en desarrollo.
Los
componentes de la economía naranja
La economía naranja opera de manera distinta a la
economía industrial tradicional. En
esta se observa un comportamiento rígido y jerárquico claramente delimitado en
las fases de origen, producción, distribución y consumo. En contraste, en la
economía naranja hay mayor flexibilidad, en
particular en las fases de origen, distribución y consumo y destaca una mayor
integración entre origen y producción, he aquí algunos componentes: Arte, por
ejemplo la pintura, artesanía, diseño, moda, cine, música, artes escénicas
tales como teatro, danza, ópera y ballet, juguetes y juegos (excluyendo los
videos juegos), edición y publicaciones como revistas y libros, investigación y
desarrollo. La creatividad es su materia prima y segundo, que dicha creatividad
es el producto económico más valioso que generan es decir que para que se pueda
hablar de economía naranja es necesario que se trate de un bien o un servicio
derivado de la creatividad y que tenga un valor económico.
Una buena noticia es que todo parece indicar que
la economía naranja es positiva para los países en desarrollo, los que en las ramas tradicionales de la
economía siempre experimentan muchos problemas para acceder a los mercados
internacionales. En el caso de la economía naranja , los países en desarrollo
realizaron exportaciones de bienes y servicios por un monto de alrededor de 176
mil millones de dólares, lo que equivale al 43%del comercio total de las
industrias creativas en el mundo en 2012. Esto contrasta con la severa
contracción que experimentó el comercio mundial que fue de un 12%en el mismo
año. De ahí que se considere que la economía naranja puede ser una opción de
crecimiento e inclusive, de reducción de la pobreza para los países en
desarrollo en medio de la crisis económica imperante.
Algo
que llama poderosamente la atención es que se considera que la
economía naranja es capaz de debilitar a la economía del conocimiento en el
momento actual, para utilizar la
creatividad hay que definir, ante todo, el mejor momento de explotar la
naturaleza no rival de las ideas y, en segundo lugar, el momento idóneo para
hacer valer los derechos de propiedad intelectual, e introducir las ideas en el
mercado de la competencia entre productos. Las dos decisiones son el punto
central del proceso de gestión en ese ámbito.
“La economía naranja es uno de
los conceptos que está revolucionando el sector creativo. Es una oportunidad
para tomar en cuenta el talento de otros, intercambiar ideas y dar vida a un
producto completamente innovador y lleno de valor intelectual”
José G Román
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